05 diciembre, 2010

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La oscuridad se cierra y un azul profundo desea cubrirse de un rojo tejido.

Se desenreda la maraña de cuerdas pulsantes, las venas gritan y los nervios rugen.

Impulsos eléctricos erráticos, el fuego se vuelve incontenible.

Lento entra la daga, separa las entrañas, la tela se desgarra.

Las manos arden e inflamado el pecho, la energía busca salida.

La maquina perfecta casi estalla.

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