Se desenreda la maraña de cuerdas pulsantes, las venas gritan y los nervios rugen.
Impulsos eléctricos erráticos, el fuego se vuelve incontenible.
Lento entra la daga, separa las entrañas, la tela se desgarra.
Las manos arden e inflamado el pecho, la energía busca salida.
La maquina perfecta casi estalla.
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